ES10–12Vista previa de la historia
Zaqueo se encuentra con Jesús
En la antigua ciudad de Jericó, vivía un hombre llamado Zaqueo que tenía un trabajo muy importante: era jefe de recaudadores de impuestos. Los recaudadores trabajaban para el poderoso Imperio Romano, recogiendo dinero de los judíos. Muchos recaudadores eran deshonestos, tomando dinero extra para ellos mismos, y Zaqueo se había vuelto muy rico de esta manera.
Debido a su trabajo y su deshonestidad, la gente de Jericó no le gustaba nada a Zaqueo. Susurraban sobre él en el mercado y se apartaban cuando caminaba por la calle. Zaqueo tenía mucho dinero, pero no tenía amigos. En el fondo de su corazón, se sentía solo y sabía que algo faltaba en su vida.
Un día soleado, emocionantes noticias se esparcieron por Jericó como un reguero de pólvora: ¡Jesús venía a la ciudad! Zaqueo había oído historias asombrosas sobre este maestro de Nazaret. La gente decía que Jesús sanaba a los enfermos, ayudaba a los pobres y enseñaba sobre el amor de Dios de maneras que hacían que todos escucharan. Zaqueo deseaba desesperadamente ver a Jesús por sí mismo.
Cuando llegó el día, Zaqueo corrió a la carretera principal por donde pasaría Jesús. Pero había un gran problema: Zaqueo era bastante bajo, y ya se había reunido una gran multitud. No importaba cuánto empujara y se apretara, no podía ver por encima de las personas altas frente a él. La multitud estaba tan apretada que Zaqueo no podía pasar.
¡Entonces Zaqueo tuvo una idea! Miró hacia arriba y vio un gran árbol sicómoro con ramas extendidas sobre el camino. Aunque era un hombre adulto con túnicas elegantes, a Zaqueo no le importaba lo que la gente pudiera pensar. Se subió las túnicas, agarró la rama más baja y comenzó a trepar.
Zaqueo subió y subió hasta encontrar el lugar perfecto entre las hojas. Desde su percha alta en el árbol, podía ver todo claramente. Se acomodó en una rama robusta y esperó, su corazón latiendo con emoción. Pronto vería al famoso maestro del que todos hablaban.
Poco después, Zaqueo escuchó que la multitud se hacía cada vez más ruidosa. ¡Jesús estaba llegando! Zaqueo se inclinó hacia adelante con cuidado, observando cómo el grupo de personas se acercaba. En el centro caminaba un hombre con un rostro amable y ojos gentiles: ¡tenía que ser Jesús!
Entonces sucedió algo absolutamente increíble. Cuando Jesús llegó al árbol sicómoro, dejó de caminar. ¡Miró directamente a Zaqueo escondido entre las ramas! El rostro de Jesús se iluminó con una cálida sonrisa y exclamó: '¡Zaqueo, baja de inmediato! Hoy debo quedarme en tu casa.'
¡Zaqueo no podía creer lo que oía! ¿Cómo sabía Jesús su nombre? ¿Y Jesús quería visitar su casa? Zaqueo bajó del árbol tan rápido como pudo, casi cayendo de la emoción. Su rostro brillaba de alegría cuando sus pies tocaron el suelo.







